EE.UU. frena el avance de China en la producción de chips con sus sanciones

Cómo las sanciones de EE.UU. frenan el avance de China en la producción de chips

Los chips o circuitos integrados son componentes esenciales para el funcionamiento de la mayoría de los dispositivos electrónicos, desde ordenadores y móviles hasta coches y satélites. La fabricación de estos chips requiere de una tecnología muy avanzada y de unos equipos muy costosos y sofisticados. Por eso, solo unos pocos países y empresas son capaces de producirlos a gran escala y con la calidad suficiente para competir en el mercado global.

Entre estos países y empresas se encuentran Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Holanda, que lideran el sector de los semiconductores y que cuentan con gigantes como Intel, TSMC, Samsung y ASML. Por el contrario, China, a pesar de ser el mayor consumidor de chips del mundo y de tener una gran ambición por desarrollar su propia industria, se encuentra muy rezagada en este campo y depende en gran medida de las importaciones de chips extranjeros.

Esta situación ha motivado que Estados Unidos, preocupado por el crecimiento económico y militar de China y por la seguridad de sus propias cadenas de suministro, haya impuesto una serie de sanciones y restricciones comerciales a China para impedirle el acceso a los equipos y materiales necesarios para fabricar chips de última generación. Estas medidas han tenido un impacto significativo en el desarrollo de los chips en China, que según el director general de Intel, Pat Gelsinger, se verá retrasado en una década respecto a los países líderes.

Las sanciones de EE.UU. a China

Las sanciones de EE.UU. a China en el ámbito de los chips se remontan a la era de Donald Trump, que inició una guerra comercial y tecnológica con el gigante asiático con el objetivo de frenar su ascenso y proteger sus intereses. Entre las acciones que tomó Trump se encuentran la inclusión de varias empresas chinas, como Huawei, ZTE, SMIC y Hikvision, en la llamada lista de entidades, que les impide hacer negocios con proveedores estadounidenses sin una licencia especial; la presión a otros países y empresas para que no usen ni vendan productos chinos que puedan suponer un riesgo para la seguridad nacional; y la limitación de la exportación de ciertos productos sensibles, como los equipos de litografía de ASML, que son imprescindibles para producir chips de menos de 14 nanómetros.

Estas sanciones han supuesto un duro golpe para las empresas chinas, que se han visto obligadas a buscar alternativas para abastecerse de chips y para desarrollar su propia tecnología. Sin embargo, estas alternativas no son fáciles ni rápidas de encontrar, ya que el mercado de los chips está dominado por unos pocos actores que tienen una gran ventaja tecnológica y que están sujetos a las presiones y regulaciones de EE.UU. y sus aliados. Por ejemplo, Huawei, que era el segundo mayor fabricante de móviles del mundo, ha tenido que vender su marca Honor y reducir drásticamente su producción por la falta de chips; SMIC, el mayor fabricante de chips de China, ha tenido que recurrir a proveedores de menor nivel y a procesos más antiguos para seguir operando; y el gobierno chino ha tenido que invertir miles de millones de dólares en planes y subsidios para impulsar la investigación y la innovación en el sector de los semiconductores.

El impacto de las sanciones en el desarrollo de los chips en China

El impacto de las sanciones de EE.UU. en el desarrollo de los chips en China se puede medir en términos de la brecha tecnológica que existe entre China y los países líderes, y de la dependencia que tiene China de las importaciones de chips extranjeros. Según el director general de Intel, Pat Gelsinger, que habló en el Foro Económico Mundial de Davos, las sanciones de EE.UU. han provocado que China se quede atrás en una década en la producción de chips de última generación, que requieren de procesos de fabricación de menos de 10 nanómetros. Gelsinger explicó que las herramientas disponibles para China limitarán por el momento la producción de chips de 14 y 7 nanómetros en ese país, mientras que empresas como TSMC, Samsung e Intel se preparan para lanzar en los próximos años chips de 3, 2 e incluso menores nanómetros, que ofrecen mayor rendimiento, menor consumo y menor tamaño.

La brecha tecnológica se refleja también en la cuota de mercado que tiene China en el sector de los semiconductores, que según un informe de la consultora IC Insights, fue solo del 5,9% en 2020, muy por debajo del 47,9% de EE.UU., el 21,6% de Corea del Sur, el 13,9% de Taiwán y el 6,6% de Japón. Además, China tiene una gran dependencia de las importaciones de chips extranjeros, que según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, ascendieron a 350.000 millones de dólares en 2020, superando el valor de las importaciones de petróleo. Esta dependencia supone un riesgo para la seguridad y la soberanía de China, que puede verse afectada por las fluctuaciones del mercado, la escasez de suministro y las tensiones geopolíticas.

Conclusión

Las sanciones de EE.UU. a China en el ámbito de los chips son una muestra de la rivalidad y la competencia que existe entre las dos potencias por el control y el liderazgo de la tecnología y la economía mundial. Estas sanciones han tenido un impacto negativo en el desarrollo de los chips en China, que se ha visto retrasado y limitado por la falta de acceso a los equipos y materiales necesarios para producir chips de última generación. Sin embargo, China no se ha rendido y ha reaccionado con una gran inversión y una gran determinación para impulsar su propia industria de los semiconductores y reducir su dependencia de las importaciones. El resultado de esta batalla por los chips tendrá consecuencias importantes para el futuro de la innovación, la seguridad y el equilibrio de poder en el mundo.

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